Protesta, arte y música

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Por: Oscar Henao Giraldo

La música está de luto, de nuevo el arte es objetivo de esas fuerzas oscuras que buscan satanizar las expresiones culturales de las etnias, especialmente y en este caso a las negritudes del pacifico representadas en la humanidad de junior jein un digno afro descendiente defensor de los intereses de su pueblo, mucha incertidumbre generan estos hechos que en vez certezas deja muchas dudas. El caballo de la música urbana con su potente voz narraba con dolor las injusticias y en su música reflejaba las tragedias propias de una nación hambrienta y sedienta de justicia.

Duelen profundamente tantas vidas segadas por falta de humanismo, la barbarie que asedia nuestra patria la vemos cada vez más enquistada en una sociedad que pide, implora y necesita ser escuchada. No nos cansaremos de insistir en el dialogo como única salida frente a tanta violencia ; el odio visceral de algunos sectores propaga el incendio que la inequidad, la insolidaridad y sobre todo la carencia de alteridad, esa condición de estar en los zapatos del otro respetarlo en su diferencia. Es precisamente en este rasgo, el de la diferencia, donde pecamos, pretendiendo cambiar al otro, de lo contrario declararlo nuestro enemigo interno y no ese digno adversario a vencer en justa lid.

Sangre inocente sigue derramándose en las calles de nuestras ciudades sin la intervención eficaz de quienes pueden detener semejante masacre. Las elites que gobiernan lo hacen desde su visión retrograda e ideológica que enmarca el conflicto social en derecha o izquierda; cuando el asunto es de derechos humanos, justicia social, democracia y libertad.El despertar de conciencia es tan ruidoso que escandaliza y atormenta a quienes por centurias han usado la represión y el miedo como único recurso para controlar la muchedumbre que se expresa en las calles, su escenario natural. Son también los muros grises transformados en bellas obras de arte los que hablan desde su universo multicolor de las tragedias cotidianas de un pueblo que sufre y llora a sus muertos, además de denunciar los actos inhumanos de un sistema que no dialoga y solo atropella.
Causa hilaridad observar grupos de ciudadanos de “bien” borrando huellas indelebles de los muros citadinos grabadas ya en la retina de los marchantes como parte integral de la memoria colectiva. Vaya desafío el de aquellos que pretenden callar las voces, silenciar el clamor de una sociedad que se cansó de los abusos de poder, borrando el arte para dar paso a las grises estructuras que de alguna manera representan su estrechez mental. Juglares modernos como junior Jein hoy se multiplican y reproducen en el terreno fértil de colectivos dinámicos fortalecidos por los lazos fraternos de las comunidades.
Despedimos otro héroe más de los tantos que han parecido bajo las balas asesinas de seres despiadados con sed de sangre e instrumentalizados por elites sin escrúpulos para quienes el dialogo no es su referente, su actitud bélica solo puede entenderse con el lenguaje de muerte y desolación. Por lo tanto e s el terror escudo demoledor que doblega voluntades y somete a otros a la humillación y la degradación humana. Pensamos que la cuota de mártires colombianos en la historia de nuestro país era muy alta, pero estábamos equivocados el sacrificio continua y no sabemos cuántos luchadores tendrán que perecer para conocer la verdad que nos hará libres.

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